El 4 de octubre celebramos la pascua de san Francisco a la casa del Padre de las Misericordias. En esta fecha hacemos memoria del encuentro del “hermano Francisco” con el Altísimo y Buen Señor. Este discípulo de Jesús, vivió y actuó de una manera que hoy nos da una luz para estos tiempos de injusticia estructurada que produce grandes mayorías empobrecidas, destrucción de la casa común, violencia contra el inocente y por tanto genera una gran cantidad de migrantes forzados a dejar su “terruño”. Retomemos la inspiración que nos dejó el hermano Francisco, su propuesta existencial y espiritual para hoy:

Una primera propuesta, es tener la convicción y la fe que “la hermana madre tierra” nos sustenta, sostiene y cuida nuestras vidas, que somos habitantes con las criaturas en esta casa común. Esta convicción llevó a Francisco a creer en el Dios Creador, a desarrollar una relación en reverencia con todo lo creado, a experimentar la bondad y sabiduría de Dios en cada criatura, a ser un hermano con las criaturas y no uno que utiliza las criaturas como mercancía para sus beneficios económicos. Muchas empresas extractivistas, han despojado a las comunidades y poblaciones de sus territorios, de su patrimonio y su hogar, provocando la migración forzada de familias campesinas.

Otra propuesta, surge de la convicción y fe de ser hermano menor con los hombres y mujeres de los caminos. Francisco vivenció la fraternidad como un don para la misma vida, donde cada humano es valorado en su dignidad, diversidad y originalidad como persona. Francisco creía que cada humano es imagen del Dios Creador. La migración forzada es expresión de que la vida no vale nada, de la violación de Derechos Humanos, de que el pobre e indefenso es víctima de los grupos armados. La fraternidad tiene dimensiones políticas, que llevan a superar los racismos y xenofobias que vienen de grupos basados en ideologías fascistas y neonazis

La propuesta inspirada de Francisco, es incluyente de lo excluido, integrador de lo que ha descartado la sociedad y la Iglesia; esta se basa en aquel gesto simbólico del abrazo y beso al leproso, que llevo a Francisco a cambiar “lo amargo en dulzura de cuerpo y alma”; la opción por los excluidos marcará nuestros cuerpos y corazones. Los migrantes irregulares son tratados con desprecio, explotados y despojados de sus derechos como humanos migrantes, por eso la actitud y compromiso franciscano es de integración y defensa de cada migrante que va por los caminos.

Francisco fue movido por inspiración a “construir la Iglesia que está en ruinas”, a ser una novedad que refresco la Iglesia de la cristiandad, basada en la jerarquía absoluta, en el poder opresor e inquisidor. Francisco reconstruyo una Iglesia pobre, hermanada y solidaria con todos los que viven en los caminos. Hoy los franciscanos, estamos llamados a ser hermanos y defensores del que fue forzado a migrar, y que llega a nuestras tierras, a la puerta y que deambula por los caminos buscando pan, protección y hospitalidad.

Francisco buscó el encuentro con el sultán de Egipto Malik al Kamil, confiado que, si caminaba despojado del poder militar, de estamento jerárquico y de un actuar bélico, se encontraría como hermano con el sultán. Francisco dio los primeros pasos para que se sucediera el encuentro con la otra cultura y religión. Este fue un encuentro, marcado por la sencillez de ser hermano y amigo. La migración es una práctica humana antigua, que recrea el encuentro de culturas, donde, siendo de lenguas, creencias y significados distintos, se ha podido establecer nuevas poblaciones. Francisco nos invita a ir al encuentro del OTRO como hermanos y hermanas que solo llevan el saludo de PAZ Y BIEN.

Fr. Martín en camino sobre las vías del tren, Guaymas – Sonora

En este tiempo del drama migratorio, ha surgido por inspiración del Espíritu en estas tierras latinoamericanas, la “Red Franciscana para Migrantes” (RFM), la cual es una Buena Noticia en estas tierras empapadas de sangre inocente, se volvieron migrantes por salir huyendo de la situación de injusticia, pobreza y violencia a la que están sometidos. Se volvieron migrantes con solo una luz de esperanza de volver a vivir en paz. La RFM cuenta con las vidas de los franciscanos y franciscanas que ponen su cuerpo, inteligencia y corazón a disposición solidaria, siendo hermanos y hermanas de los van por los caminos como forasteros y peregrinos: los y las migrantes.

La RFM cuenta con lugares y espacios que se encuentran en la “ruta migratoria”, que ponen a disposición las instituciones de la familia franciscana; se trata de ser como aquel joven del evangelio, que ofreció sus “cinco panes y dos pescados” para que se diera el milagro de que todos se sintieran en casa y comieran hasta saciarse (Jn 6,9). La RFM es una construcción colectiva de sentires, intuiciones y acciones que llevan vida a los migrantes que buscan un hogar que los acoja, esto se logra con la base de la fraternidad, en la solidaridad creativa cada día que sale el “hermano sol”. La RFM es un sueño esperanzado que comienza a tener el dinamismo carismático y audaz heredado de Francisco y Clara de Asís, siendo así, una propuesta que busca responder con humildad y generosidad al clamor de, “dónde está tu hermano y hermana migrante”. La RFM está comenzando, como dijo el poeta y cantor, que los sueños se hacen “sin permiso”, de los poderosos y opresores de esta historia.

René Arturo Flores, OFM
RFM – El Salvador

Imagen portada: Ilustração Franciscana