Agradezco a la Red Franciscana para Migrantes y a Rafael Lara por la invitación a compartir algunas reflexiones en este espacio.

Estamos haciendo memoria este año de otro centenario franciscano, hemos hecho memoria de la Regla. Fontecolombo (eSinodalidad) y el pesebre o nacimiento de Jesús en Greccio en (Humanismo) 1223, el centenario de la estigmatización La verna (Pasion de Cristo, pasión del pueblo) 1224, el centenario del cántico de las criaturas  San Damian (Cuidado)1225 y el tránsito de Francisco sucedido como bien sabemos en la pequeña enfermería de la Porciúncula en (Trascendencia) 1226.

Oremos con el PP León.

San Francisco, hermano nuestro, tú que hace ochocientos años
fuiste al encuentro de la hermana muerte como un hombre pacificado,
intercede por nosotros ante el Señor.

Tú que en el Crucifijo de San Damián reconociste la verdadera paz,
enséñanos a buscar en Él la fuente de toda reconciliación
que derriba todo muro.

Tú que, desarmado, cruzaste las líneas de la guerra
y la incomprensión,
danos la valentía de construir puentes
allí donde el mundo erige fronteras,

En estos tiempos afligidos por conflicto y división,
intercede para que nos convirtamos en operadores de paz:
testigos desarmados y desarmantes de la paz que viene de Cristo”.

Amén.

 

Esta mañana, y en escenario de la RFM quiero dar inicio a esta reflexión con dos textos que me parecen pertinentes para la ocasión, el primero tomado de la segunda leyenda de Tomás de Celano Celano, dice:

De hecho, al acercarse a los últimos días. Acabado, pues, con aquella enfermedad tan grave que puso fin a todos los dolores, hizo que lo pusieran desnudo sobre la desnuda tierra. Puesto así en tierra, despojado de la túnica de saco, volvió, según la costumbre, el rostro al cielo y, todo concentrado en aquella gloria, ocultó con la mano izquierda la llaga del costado derecho para que no se viera. Y dijo a los hermanos: «He concluido mi tarea; Cristo les enseñe la de ustedes».

Con estas últimas palabras Francisco pone bajo nuestra responsabilidad el camino que sigue, él ya hizo un tramo importante del mismo, un tramo fundacional; de alguna manera pone en nosotros una responsabilidad ineludible, pone en nuestras manos el don de la vocación como tarea indelegable, Francisco, nos había dicho en la admonición 6 que nos cae muy bien a propósito de estas celebraciones, dice: Por eso es grandemente vergonzoso para nosotros, los siervos de Dios, que los santos hicieron las obras y nosotros, con referirlas y predicarlas, queremos recibir gloria y honor”.

Llegar a la expresión: «He concluido mi tarea; Cristo les enseñe la de ustedes» tuvo en Francisco un comienzo en tiempos de meditación sobre la situación de su contexto citadino en Asís, de sus búsquedas existenciales, de sus silencios en las cavernas de las montañas, y mirando fijamente los ojos del crucificado de San Damián para preguntarle: “Señor, que quieres que haga” y el Señor le responde: Repara mi casa…, por este motivo, al final de sus días, Francisco nos dice a nosotros, que como a él, Cristo nos enseñe la tarea, además dice en su testamentó: “ Y después que el Señor me dio hermanos, nadie me mostraba que debía hacer, sino que el mismo Altísimo me reveló que debía vivir según la forma de vida del Santo evangelio y yo lo hice escribir en pocas palabras y sencillamente y el Seño Papa me lo confirmó”.

Aquí está por lo tanto la importancia de la pregunta de Francisco formulada al Cristo en San Damián, con contexto de marginalidad, de precariedad.  A propósito de la importancia de la pregunta la filósofa española María Zambrano escribe algo que puede resultar para nosotros muy iluminador, dice ella:,,,

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