La palabra Epifanía significa «manifestación», «mostrar» o, «un momento de reconocimiento». La Epifanía celebra la manifestación de Jesús por parte de Dios, podemos hablar de tres maneras de mostrarse:

En primer lugar, celebramos el hecho de que Jesús vino a todas las personas. La historia que más se asocia a la Epifanía es la de los Magos de Oriente que siguieron la estrella que les condujo hasta Jesús (Mateo 2:1-12). Los extranjeros que se inclinan ante el nuevo rey muestran que Dios ofrece al Mesías a todo el mundo.

La segunda manifestación mostró la divinidad de Jesús. Después de su bautismo por Juan en el río Jordán, los cielos se abrieron y el Espíritu de Dios descendió como una paloma y se posó sobre Jesús. Entonces llegó una voz del cielo que lo proclamaba como Hijo de Dios (Mateo 3:16-17).

En la tercera Epifanía, el poder de Jesús se manifestó en las bodas de Caná. Fue allí donde realizó su primer milagro público, convirtiendo el agua en vino. Estos tres acontecimientos -la visita de los Reyes Magos, el bautismo de Jesús y el milagro de Caná- se asocian tradicionalmente a la celebración del 6 de enero, de la Epifanía del Señor.

Detengámonos en la experiencia de los Magos de Oriente. Ellos eran hombres que tenían el valor y la humildad de la fe. Se necesitaba tener valentía para recibir el signo de la estrella como una orden de partir, para salir –hacia lo desconocido, lo incierto, por los caminos llenos de multitud de peligros al acecho. Podemos imaginarnos las burlas que suscitó la decisión de estos hombres. El que partía apoyándose en promesas tan inciertas, arriesgándolo todo; pero, para estos hombres tocados interiormente por Dios, el camino acorde con las indicaciones divinas era más importante que la opinión de la gente. La búsqueda de la verdad era para ellos más importante que las burlas del mundo, aparentemente inteligente.

Mediante el signo de la estrella se plantea aquella realidad del deseo y búsqueda del hombre al “hacer camino” tal vez por rumbos desconocidos. Hoy muchos hombres, mujeres y niños peregrinan como los magos, en búsqueda de sus anhelos y oportunidades, arriesgando incluso la vida, con la esperanza de encontrar estabilidad y plenitud para sus familias.

Los migrantes hacen camino enfrentando adversidades, incertidumbre y desesperación, pierden todo en la travesía, sin embargo, se encuentran a sí mismos, se descubren y descubren a Dios en el camino, Dios se manifiesta en ellos y en quienes caminan con ellos.

Así como una vez salieron los magos, llenos de esperanza y fe, muchos ahora emprenden el viaje y salen a pesar de las criticas o la incomprensión de quienes los ven pasar, muchas veces expuestos a discriminación, rechazo y malos tratos, pero también encuentran a su paso calidez, solidaridad y empatía, signos concretos de la cercanía de Dios, que se ha manifestado ante otras personas y les ha inspirado actitudes de apoyo y acogida.

De este modo, también la experiencia del migrante se vuelve la experiencia de las personas que no están migrando, pero que han visto el rostro de Dios en quienes pasan por sus ciudades y países, y este encuentro es una experiencia de enriquecimiento en todos los sentidos: cultural, social, espiritual y de fe, tanto para quien acoge como para quien es recibido.

Hoy estamos llamados a saber discernir los “signos” a través de los cuales Dios nos sigue hablando y guiando hasta encontrarnos con Él y que tengamos la humildad de reconocerle, postrarnos, adorarle y ofrecerle nuestros “dones”, así como los magos en su tiempo los ofrecieron a Jesús, hoy nuestra la realidad social y cultural nos interpela a entregar los nuestros a los hermanos, como ofrenda de amor y servicio a Cristo mismo que camina con ellos y en ellos.

Nuestros dones o nuestra ayuda para ofrecer no son solamente cosas materiales, sino también  los valores humanos, la cercanía, el respeto y tratarlos con dignidad son ofrendas que todos podemos brindar.

Abramos los ojos y el corazón a los “signos” de Dios, extendamos nuestras manos hacia él para experimentar también hoy su manifestación, la epifanía en nuestras vidas y en nuestras actitudes reflejadas en el amor y la solidaridad con aquel que pasa a nuestro lado.

Vivian Cianca OFS
Fr Santiago Méndez OFM
RFM Comunicaciones-Panamá