En el marco de la Jornada Mundial de oración contra la Trata de Personas, la Red Franciscana para Migrantes de las Américas (RFM) eleva su voz para denunciar una de las violaciones más graves y dolorosas a la dignidad humana de nuestro tiempo: la trata de personas.

La trata constituye una forma moderna de esclavitud que despoja a niñas, niños, mujeres y hombres de su libertad, su identidad y su esperanza. Esta realidad se entrelaza profundamente con los contextos de movilidad humana forzada. Las personas migrantes, solicitantes de asilo, refugiadas, retornadas y apátridas, al verse obligadas a huir de la violencia, la pobreza, los desastres ambientales o la persecución, enfrentan rutas cada vez más peligrosas, sistemas restrictivos y políticas excluyentes que las colocan en mayor riesgo de ser víctimas de redes de explotación.

La criminalización de la migración, las narrativas de odio y la falta de vías seguras y regulares no solo vulneran derechos, sino que también alimentan las condiciones que facilitan la trata. Allí donde se cierran puertas y se levantan muros físicos e ideológicos, prosperan las mafias; donde se niega la dignidad, crece la explotación.

Como franciscanas y franciscanos, inspirados en la espiritualidad de San Francisco de Asís, estamos llamados a ser luz en medio de la oscuridad, presencia cercana que acompaña, protege y restaura la dignidad herida. No podemos permanecer indiferentes ante el sufrimiento de quienes son deshumanizados y tratados como mercancía. Nuestra fe nos exige coherencia: reconocer en cada persona víctima de trata el rostro de Cristo crucificado y comprometernos activamente en su defensa.

Que nuestra opción por las personas en situación de movilidad se traduzca en acciones concretas de hospitalidad, denuncia profética y trabajo articulado con otras organizaciones eclesiales y de la sociedad civil.

Red Franciscana para Migrantes de las Américas (RFM).