En este tiempo de pandemia, la situación de crisis sanitaria ha llevado a mostrar las otras crisis que ya existían en los países de la región centroamericana. Esta realidad resaltó las mismas causas por las que muchos compatriotas han sido forzados a abandonar su hogar y migrar, aun, sabiendo todos los riesgos mortales que tendrán por el camino hacia los EEUU, pasando por México, que es el gran cementerio de fosas comunes centroamericano. La crisis sanitaria, ya conocida, mostró el empobrecimiento de los hogares, la inestabilidad e informalidad de los trabajos asalariados, la violencia de calle e institucional, la violencia hacia la mujer, la corrupción de la clase política, esto es, una mayor afectación del tejido social de los países centroamericanos. Esta situación desesperada de las familias, que le obliga a huir emigrando, es acechada por los grupos delictivos que se dedican a la trata.

La deportación, especialmente las llamadas “deportaciones express”, que son violatorias de los Derechos Humanos de cada migrante, en cuanto a seguridad y dignidad integral. Ante esta realidad, “La Red Jesuita con Migrantes” presentó algunos datos en su informe reciente, señalando que son 6,500 salvadoreños que han sido deportados hasta agosto (Boletín Movilidad Humana El Salvador Agosto 2020). Este boletín señala, las acciones que violan los Derechos de los menores, “Para este mes, se dio a conocer una de las problemáticas que atraviesan los refugios de Guatemala, donde cientos de niños migrantes son enviados de acuerdo con la actual política implementada por el gobierno de Donald Trump, en la que se expulsa a los migrantes de manera inmediata como medida para prevenir el coronavirus.” (pag. 5). También, es preocupante el dato que presentan en este boletín de los menores sin acompañante, donde se señala que, “más de 130 niñas, niños y adolescentes migrantes no acompañados registrados desde marzo a julio” (pag. 11).

Las remesas son el aspecto central en la vida del migrante, unido al de la reunificación familiar y el buscar mejorar la calidad de vida. Las remesas siempre han sido importantes en los rubros del presupuesto de la nación. El comportamiento de la remesa, presentado por el Banco Central de Reserva de El Salvador, indica que de la cifra de 449.5 millones de dólares que entraron en febrero 2020, se bajó en abril a 287.3 millones, siendo este, el dato más bajo que se ha registrado desde el 2017; sin embargo, ya para julio del 2020, la cifra de remesas vuelve a subir a 553.1 millones, siendo este ingreso más alta que la cifra registrada para noviembre de 2019 (https://www.bcr.gob.sv. 17-8-2020). Este aumento de la remesa familiar, aun en medio de la pandemia, demuestra que los compatriotas migrantes en los EEUU son parte de la producción y desarrollo de esa nación; segundo, dice de la importancia que tiene la vida de los familiares que se han quedado en nuestros países.

Migrar de manera forzada, sigue siendo una decisión que toca los límites humanos y el tejido social de una nación. Lo indignante y doloroso es que esta decisión de verse forzado a migrar, no es acompañada por el cuidado y protección en el recorrido; sino todo lo contrario, se vuelve una travesía de muerte que las sociedades y gobiernos han aceptado, al estilo de una “película de terror” de Hollywood. 

En estos días del “Covid19”, los estados de México y  EEUU, no realizaron una asistencia desde el derecho a la salud y protección a las y los migrantes. En México, la mayoría de los refugios fueron obligados a cerrar sus instalaciones, y los que se quedaron atendiendo, les fue una situación difícil la de mantener el bio-cuidado, evitando el contagio, como bien lo testifica el equipo de la “72” en Tenosique, Tabasco, México. 

Es bueno preguntarnos como ciudadanos, como está nuestra sensibilidad ante el drama de la migración forzada, que sigue afectando a las mayorías empobrecidas de nuestros países. Además, a los que profesamos la fe en Jesucristo, nos interpela de manera directa nuestra espiritualidad y práctica de la misericordia que se concreta en trabajar por la construcción de una sociedad con justicia, equidad y solidaridad que da prioridad al bien común. Los franciscanos y franciscanas, tenemos una fuente inspiracional en el carisma, que nos lleva a estar con los menores de la historia como hermanos y hermanas en igualdad radical, que nos une con las creaturas con quienes habitamos esta CASA COMÙN. 

René Arturo Flores, OFM